Una de las películas que mejor sabor de boca me dejó en la pasada edición del festival de cine de Sitges fue Bellflower, el debut en la dirección de Evan Glodell, que también protagoniza la cinta.
Bellflower nos muestra la historia de Woodrow y Aiden, dos amigos obsesionados con la película Mad Max, que deciden construir un coche y armas inspiradas en la película, pero su amistad se vera puesta a prueba con la aparición de Milly, una chica de la que se enamorará perdidamente Woodrow y que trastocará por completo su vida.
El retorcido guión de la película es uno de sus grandes puntos a favor, y aunque en algunos momentos puede flaquear algo en el ritmo para algunos, creo que el resultado final no se ve perjudicado y mantiene enganchado al espectador sin problemas de principio a fin.





