Una vez más, Quentin Dupeaux ha conseguido engañarme para ir a ver una de sus películas, y unas vez mas he salido con cara de circunstancia. Las primeras veces, al ser la novedad, hasta me hacía gracia su humor absurdo y sus situaciones rocambolescas. Con el tiempo ha ido perdiendo la gracia e intenta repetir la fórmula sin demasiado éxito.

Un hombre es interrogado en una comisaría francesa. Durante esta estrafalaria entrevista se irán mezclando los recuerdos con los sucesos actuales.

Se que voy avisado cuando entro a una película del señor Dupeaux, y el problema no creo que sea el surrealismo de su propuesta, sino que cada vez le cuesta más encontrar ese humor que funciona con sus locas historias. Se que hay gente que la ha disfrutado bastante, pero sinceramente creo que yo me bajo del carro.

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