
BCN Film Fest 2025: Una quinta portuguesa
Avelina Prat firma con Una quinta portuguesa una película delicada, de ritmo pausado y tono profundamente intimista. Ambientada en una casa de campo en el sur de Portugal, la historia gira en torno a un hombre que tras la desaparición de su mujer, se traslada allí en busca de tranquilidad, pero que pronto se verá enfrentado a sus propios silencios, a su pasado y a las complejidades de convivir con quienes le rodean. La quinta, más que un lugar, se convierte en un espacio emocional donde afloran heridas, recuerdos y nuevas posibilidades.
Lo que más me ha gustado de la película es precisamente ese tono contenido, esa forma de narrar desde lo no dicho, dejando espacio al espectador para interpretar gestos, miradas y silencios. La directora consigue crear una atmósfera envolvente, sin necesidad de grandes giros, que los tiene, ni excesos dramáticos. Todo está en los detalles: en cómo se cruzan dos personajes en el jardín, en cómo el viento mueve las cortinas, en cómo el sol baña los muros de la casa.
Las actuaciones son otro de los grandes aciertos. El elenco transmite con sutileza toda la carga emocional que la historia requiere, sin caer en lo sobreactuado. Cada personaje parece tener su propio mundo interior, y la química entre ellos —o, en ocasiones, su distancia— se siente real y profunda. Es una de esas películas donde lo esencial se encuentra en lo aparentemente cotidiano, y aunque todos destacan, Maria de Medeiros y Manolo Solo, brillan especialmente.
En definitiva, Una quinta portuguesa es una película que invita a mirar hacia adentro, tanto a sus personajes como a quienes la vemos. No busca impresionar con fuegos artificiales, sino emocionar desde la calma y la honestidad. Una propuesta serena y madura, que deja huella si se le da el tiempo y la atención que merece.