BCN Film Fest 2026: Pálida luz en las colinas
Pálida luz en las colinas, de Kei Ishikawa, es una de esas películas que no tienen ninguna prisa. Desde el primer momento deja claro que su interés no está en la acción ni en los grandes giros, sino en la contemplación, el silencio y las emociones que se esconden bajo la superficie. Es un cine que exige paciencia y predisposición por parte del espectador, porque muchas de las respuestas no llegan a través de los diálogos, sino de las imágenes y de todo aquello que la película decide sugerir en lugar de explicar.
Y precisamente ahí es donde más brilla. La fotografía me ha parecido extraordinaria, con una composición cuidada al milímetro y una sensibilidad visual que convierte muchos planos en auténticas obras de arte. Kei Ishikawa demuestra un enorme control de la puesta en escena, encontrando belleza en los pequeños gestos, en los espacios vacíos y en una paleta de colores que envuelve toda la película en una atmósfera casi onírica. Es de esas películas que podrían verse con el sonido apagado y seguirían transmitiendo muchísimo gracias a la fuerza de sus imágenes.
Ahora bien, también creo que su ritmo puede convertirse en una barrera para muchos espectadores. El guion apuesta por la observación y la introspección, lo que hace que en algunos momentos resulte demasiado pausado e incluso algo exigente. No es una película para todos los públicos ni para cualquier estado de ánimo, pero quienes entren en su propuesta encontrarán una experiencia visual de enorme belleza y una historia que invita a completar los huecos con la propia mirada. No me ha parecido una película fácil, pero sí una de esas que permanecen en la memoria mucho después de que aparezcan los títulos de crédito.