Netflix ha hecho este verano una apuesta interesante dentro del mundo del terror con su trilogía de películas que ha estrenado con una semana de diferencia entre ellas, y que ha supuesto uno de los fenómenos de la temporada.

En La Calle del Terror nos encontramos la historia de un pueblo que cíclicamente ve como aparecen asesinos en serie entre sus vecinos. Durante una celebración descubren que estos asesinos están relacionados con una bruja que fue ahorcada, y se verán obligados a descubrir los secretos que esconde.

Me ha parecido muy bien llevada la diferencia entre las tres películas, con un estilo Scream en su primera parte, un toque Viernes 13 para su segunda entrega y una resolución que combina diferentes géneros haciéndolos funcionar todos mas o menos igual de bien.

Quizás esta tercera parte es la más descompensada, ya que tiene una primera mitad con un tono que me ha gustado bastante y en su segunda mitad baja el listón, pero sin que sea algo que lastre el resultado final, ya que sigue siendo un desenlace muy entretenido, a la altura de las otras entregas.

La película hace bastantes cosas bien, pero hay dos puntos que destacaría. El primero es su banda sonora, con unas canciones muy bien escogidas y que junto al score, que sobresale en la tercera parte, con unos ritmos muy oscuros, son uno de los grandes aciertos. El otro es los diseños de los asesinos en serie, y es que cada vez que aparece uno en pantalla, quiero saber más de su historia. Ojalá Netflix apueste por mostrarnos alguna nueva película con estas historias.

Que nadie se espere una obra maestra del terror ni nada por el estilo, La Calle del Terror es pura diversión sin más, no intenta crear cátedra sobre el genero, pero si que consigue bastante originalidad en su planteamiento y juega a su favor que se sienta tan fresca a pesar de estar llena de clichés.

Sin duda una de las sorpresas de este verano que hacen de las tres partes de La Calle del Terror una de las mejores apuestas para estos calurosos días.

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