Sitges 2025: La larga marcha

Reconozco que, a estas alturas, las adaptaciones de Stephen King cada vez me dan más pereza. Entre versiones innecesarias, reinterpretaciones fallidas y películas que parecen confiar más en el nombre del autor que en sus propias ideas, uno ya llega con cierta prevención. Por suerte, La larga marcha ha sido toda una sorpresa. Una película que parte de una premisa sencilla, casi brutal en su planteamiento, y que consigue convertir ese recorrido físico en una experiencia de tensión constante, desgaste emocional y pura supervivencia.

Una de las grandes virtudes de la película es que sabe muy bien cuánto tiene que durar. Su metraje es ajustado, no se pierde demasiado por el camino y mantiene un ritmo que acompaña perfectamente a la historia. También ayuda mucho un reparto sólido, capaz de dar entidad a unos personajes que podrían haberse quedado en simples piezas dentro de un mecanismo cruel. Aquí, en cambio, la película encuentra espacio para que nos importen, para que el cansancio se acumule y para que cada paso pese un poco más que el anterior.

No es una película pequeña ni una simple curiosidad dentro del universo King, sino una propuesta contundente, entretenida y mucho más eficaz de lo que esperaba. Tiene tensión, tiene emoción y tiene esa sensación de relato implacable que avanza sin mirar atrás. Sin duda, una de las mejores clausuras del festival en los últimos años, y una adaptación de Stephen King que, contra todo pronóstico, consigue dejar muy buen sabor de boca.

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