Odyssey parte de una premisa bastante atractiva: una agente inmobiliaria que intenta mantener una imagen de éxito, control y seguridad ante los demás, mientras su vida empieza a resquebrajarse por culpa de unas deudas y unos prestamistas que la empujan hacia una situación cada vez más complicada. Esa idea de una persona intentando aparentar que todo está bajo control mientras el suelo se abre bajo sus pies tiene bastante fuerza, y la película sabe encontrar algunos momentos en los que esa tensión entre fachada y desastre funciona realmente bien.

El problema es que Odyssey no termina de hacer que su ritmo acompañe a esas buenas ideas. Hay una historia interesante ahí dentro, con una protagonista atrapada entre el lujo impostado, la desesperación y un mundo mucho más sucio del que quiere admitir, pero durante buena parte del metraje da la sensación de que la película no acaba de encontrar la manera más efectiva de contarlo. Convencen algunas situaciones, algunos detalles y ciertas decisiones de tono, pero el conjunto se queda un poco a medias, como si tuviera muy claro el ambiente que quiere crear, pero no tanto cómo mantenerlo vivo durante todo el recorrido.

Es cierto que hacia el tramo final la película se pone más interesante y parece encontrar por fin esa mala leche que llevaba prometiendo desde el principio. Ahí Odyssey gana en intensidad y deja entrever la película que podría haber sido si todo hubiese estado un poco más ajustado. Aun así, llega algo tarde y no termina de ser suficiente para que el conjunto funcione del todo. Tiene buenas ideas, una premisa potente y momentos con personalidad, pero también un ritmo irregular y una historia que convence solo a medias.

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